La tormenta y el faro
Compartimos esta narración breve y simbólica, que nos deja una enseñanza moral. Buen fin de semana!
En un pequeño pueblo costero, los pescadores vivían de la calma del mar. Cuando el agua estaba serena, todos salían a navegar sin pensar demasiado.
No necesitaban mapas, ni estrategia, ni coordinación. El mar tranquilo perdonaba los errores.
Pero un invierno llegó la peor tormenta en décadas.
El viento rompía las velas. Las olas golpeaban los cascos. Los barcos se desorientaban en la oscuridad.
En medio del caos, un joven marinero decidió subir al viejo faro abandonado.
No era el más fuerte ni el más experimentado. Pero entendió algo: alguien debía mantener la luz encendida.
Mientras otros discutían qué hacer, él organizó turnos, calmó a los más asustados y logró que el faro volviera a brillar.
Uno a uno, los barcos encontraron el rumbo.
Cuando la tormenta pasó, el pueblo ya no veía en él a un simple marinero.
Veían a un líder.
Alguien le preguntó cómo supo qué hacer.
Él respondió:
—No lo supe. La tormenta me obligó a decidir. El mar en calma nunca me habría enseñado esto.
Moraleja
Las épocas tranquilas administran lo existente.
Las épocas turbulentas revelan carácter.
Porque cuando todo tiembla, no lidera quien grita más fuerte, sino quien sostiene la luz.
Las épocas turbulentas crean grandes líderes.
Fuente Q-Management Líder en crecimiento de las organizaciones a través de la innovación estratégica.





















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