Día de la Ascensión del Señor
Hoy la Iglesia Católica celebra la Ascensión del Señor. Es una de las solemnidades más importantes del calendario cristiano, celebrada cuarenta días después del Domingo de Resurrección.
Este día marca el momento en que Jesucristo, después de su resurrección, asciende al cielo en presencia de sus discípulos, cumpliendo así su misión terrenal y anunciando la llegada del Espíritu Santo.
El significado espiritual de la Ascensión
El Día de la Ascensión representa el triunfo de Jesucristo sobre la muerte y su glorificación en el cielo. Más allá de un evento histórico, esta celebración invita a reflexionar sobre el destino final de la humanidad: la unión con Dios. La Ascensión simboliza también el envío de los apóstoles a predicar el Evangelio, recordándonos la responsabilidad de ser testigos de la fe en el mundo.
Según el relato bíblico en los Hechos de los Apóstoles, Jesucristo promete a sus discípulos el Espíritu Santo, quien será su guía y fortaleza. Este aspecto conecta la Ascensión con la festividad de Pentecostés, diez días después, cuando el Espíritu Santo desciende sobre ellos.
Tradiciones y celebraciones
Aunque el Día de la Ascensión se celebra de diversas maneras en el mundo cristiano, algunas prácticas son comunes:
- Misas solemnes: En este día, las comunidades cristianas se congregan para celebrar la eucaristía, que suele incluir lecturas relacionadas con la Ascensión y cánticos de alabanza.
- Procesiones: En algunas regiones, se organizan procesiones que representan la subida de Cristo al cielo.- Bendiciones especiales: Algunas iglesias realizan bendiciones de campos o cosechas, una tradición que combina la espiritualidad con la gratitud por los dones de la naturaleza.
Reflexiones para hoy
La Ascensión también nos invita a reflexionar sobre nuestra vida cotidiana. Nos recuerda que, al igual que los apóstoles, estamos llamados a ser testigos de esperanza y amor en nuestras comunidades. Este día también nos motiva a confiar en que, a pesar de los desafíos, Dios camina con nosotros y nos prepara un lugar en su presencia.
En un mundo marcado por la incertidumbre, la solemnidad de la Ascensión nos inspira a mirar al cielo con fe, sabiendo que la historia humana está guiada por el amor divino. Como decía San Agustín: "Cristo ha subido al cielo, pero no nos ha abandonado".
En este Día de la Ascensión, celebremos no solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad que transforma nuestras vidas y nos llama a vivir con esperanza.
Así se refería el Papa Francisco (Regina Caeli, 21 de mayo de 2023)
Con la Ascensión sucedió algo nuevo y hermoso: Jesús ha llevado nuestra humanidad, nuestra carne al cielo - ¡es la primera vez! - es decir la ha llevado a Dios. Esa humanidad, que había tomado en la tierra, no se ha quedado aquí.
Jesús resucitado no era un espíritu, no, tenía su cuerpo humano, la carne, los huesos, todo, y ahí, en Dios, estará para siempre. Podemos decir que desde el día de la Ascensión Dios mismo ha “cambiado”: ¡desde entonces ya no es solo espíritu, sino que por todo lo que nos ama lleva en sí nuestra misma carne, nuestra humanidad!
El lugar que nos espera está indicado, nuestro destino está ahí. (…) ¿qué hace Jesús en el cielo? Él está por nosotros delante del Padre, le muestra continuamente nuestra humanidad, muestra las llagas. A mí me gusta pensar que Jesús, delante del Padre, reza así, enseñándole las llagas. “Esto es lo que he sufrido por los hombres: ¡haz algo!”. Le enseña el precio de la redención, y el Padre se conmueve.
Esto es algo que me gusta pensar. Así reza Jesús. Él no nos ha dejado solos. De hecho, antes de ascender nos dijo, como dice el Evangelio hoy: «Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo» (Mt 28,20).





















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